Esta casa sigue de actualidad! Con sus pequeñas batallas... Este verano he tenido un bonito reencuentro con ella y la he recuperado un poco para la causa.
La pusimos en alquiler hace algo más de un año, y tuvo un inquilino que ha sido de lo más tranquilo y feliz en esa casa, según nos fue comentando. Pero en julio se fue, y siguiendo el consejo de algunas personas, la puse para alquilar con Airbnb.
La experiencia ha sido buena, mala y buena. La primera parte buena fue hacer un bonito anuncio, meterlo en una interesante y completa plataforma, y preparar la casa para estar más completa, "para entrar a vivir". Esto supuso comprar algo de decoración, menaje, accesorios y una mesita. Unos 300€. Menos mal que no compré la tele! La casa a punto, pero nadie estaba dispuesto a pagar 55€, así que lo bajé a 50 y tampoco tuve éxito.
¿Mal por qué? Porque estaba pasando el tiempo, y la casa estaba vacía. Una casa por la que pago hipoteca y en la que me había gastado ese dinerillo. Así que reajusté. Cuántos negocios se van a la mierda por pedir demasiado. Lo puse a 39€, mirando bien la competencia, y el 25 de julio tuve mi primera pareja de inquilinos.
Entre mi hermano y yo les hemos atendido. Ha sido una experiencia bonita conocer gente, ver que se interesan por una casa con decoración musical (algunos con verdadera insistencia!), y hacer un poco de anfitriones y servicio de habitaciones con ellos. Es bonito el rollo de Airbnb porque, en virtud de la seguridad que ofrece el contrato que se firma, los huéspedes se comportan. Algunos te dejan la casa mejor que estaba. Desde luego, ha girado 180º mi concepto sobre el alquiler. Pero por otra parte, es cansado. Implica limpiar, subir, bajar, ordenar...
Entretanto, decidí, a la vez que bajaba el precio, volver a publicar los anuncios para alquiler de larga duración, y lo mejor ha sido poder enseñar el piso entre semana y tenerlo ocupado el fin de semana, y ya, la guinda, que lo reservasen en agosto para el resto del año (pagando la mensualidad sin ocuparlo), y poder seguir alojando huéspedes en fines de semana.
Por desgracia, el chollo, tal y como lo conocíamos, se termina, porque alquilar un piso por menos de una semana entra en competencia desleal con el trabajo de los hoteles y otros alojamientos profesionales en verano, y van a castigarlo, perseguirlo o gravarlo. Y es cierto que cuando uno va a una casa en ese régimen, lo que puede esperar es algo apañado, pero sin garantías, como cuando duermes en casa de un amigo. La casa estará como la haya podido dejar, o como su idea de limpieza le dicte, no necesariamente como uno lo desearía.
No obstante, y por ponerle final feliz, nos ha resuelto la papeleta veraniega y nos abre la puerta a alguna idea de cara al año que viene si se repite una situación de vacío repentino de Ferrocarril Hills.
Y a mí... me ha gustado mucho buscarle una decoración alternativa al piso manteniendo su estética, más o menos.
Ahora hay nuevos inquilinos y espero que sean allí tan felices como yo lo he sido durante tantos años.
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