miércoles, 2 de marzo de 2011

Hats off to Felisa

No está confirmado, pero todo apunta a que mi vecina Felisa ha pasado a mejor vida, por eso no sé si hablar de ella en presente o en pasado. Igual alguno de vosotros habéis oído hablar de ella, incluso, los que habéis estado viniendo a casa a ensayar este verano, la habréis visto por la ventana, incluso nos habréis oído hablar de ella.

Felisa tiene 90 años bastante recientes. Una mujer grande y fuerte como pocas, con una salud envidiable. Una persona que, a su edad, sólo necesita un paracetamol por la mañana y otro por la tarde para seguir bien. Se rompió la cadera hace 10 años y pasó el trance perfectamente, el año pasado se hizo otra fractura en la mano y lo superó tras unos meses de escayola. Ha sobrevivido a la muerte de varias de sus cinco hermanas, incluso de una de sus hijas.

Una señora que, pese a su edad, ha entendido muy bien a sus vecinos mucho más jóvenes y sus circunstancias, como es mi caso. Mi trato con ella, a través de la ventana donde están las cuerdas de la ropa que comparto con ella, se limitaba a hablar del tiempo. Siempre al día en ese tema. Pero algo cambió hace tres años, cuando empecé a meter todo en cajas porque iba a poner la casa patas arriba. En medio de todo el trajín, vi que me esperaba apoyada en el quicio de la ventana, dejé lo que estaba haciendo y abrí la mía. Me preguntó con expresión triste si me iba, y le respondí "no, Felisa, nada más lejos: voy a hacer obra y además, no sólo no me voy, sino que Pily se viene conmigo". Se alegró mucho. Me dijo que no le hubiera gustado que, tras el anterior vecino, que vivió seis años en mi actual casa, yo no durase más que tres. Que ya le entristeció mucho que se fuese Luis, como para que entonces me fuese yo.

Las conversaciones con ella a través de la ventana han sido a veces muy divertidas. Un sentido del humor envidiable, incluso en sus momentos más bajos de ánimos. Se le acaba escapando algún joder, coño y demás. Algo que se te hace raro en una persona de esa edad. Nos ha contado historias de cómo ella y sus cinco hermanas vivían con sus padres en esa misma casa y salían a la terraza a coser o de a qué velocidad era capaz de bajar a la calle cuando era su novio quien la esperaba allí. Felisa ha seguido cosiendo hasta el último día, en la misma casa en la que lleva viviendo setenta y siete años, desde 1934.

Y aunque a veces se le atragantase un poco el manejo del móvil, el TDT o alguna cosa concreta, es envidiable cómo nos comprendía y era capaz de hacerse a la idea de lo que eran nuestras vidas. Siempre nos hemos preguntado cómo entendía algunas visitas, los ensayos, el trabajo de cada uno, etc. Ha sido increíblemente comprensiva con la nueva situación en mi piso. Estuve evitándola para también evitarle un disgusto, y sin embargo, estaba preparada como nadie para comprender lo que había ocurrido. Ojalá hubiese más gente así de comprensiva a esa edad y mucho más jóvenes.

Su marido murió hace algo más de 10 años. Algunos vecinos dudaban que fuese a salir de aquéllo. También cuando hace 3 ó 4 murió su hija, cuando se rompió la cadera o la mano, pero ahí ha seguido, aferrada a la casa donde ha vivido casi toda su vida. Era envidiable ver que seguía valiéndose perfectamente por sí misma y poseía las mismas habilidades para llevar la vida de una jubilada con 15 o 25 años menos. Increíble cuando ver su nevera, siempre repleta de cosas. Nunca menos de 12 latas de Mahou. Ella no bebe, pero en otros tiempos debió volverla loca, porque en cuanto llegaba el calor, cuando abrían las terrazas, o cuando la visitabas en su casa, las referencias al líquido dorado eran más que frecuentes. Te la encontrabas en el Mercadona haciendo la compra, subiendo y bajando, a su ritmo, cada uno de los 200 escalones que coronan Ferrocarril Hills, paseando por la acera más soleada de la calle, incluso poniéndose guapa los domingos para comer con su familia.

Nunca ha aceptado la idea de irse a casa de sus hijos o nietos, ni a una residencia. La mujer ha aguantado allí hasta el último momento. Y si ha muerto, ha sido de la forma más rápida y natural. Ese infarto cerebral le ha supuesto un corte en el suministro, pero no ha dado avisos. Curiosamente, este fin de semana coincidí con ella viernes, sábado y domingo, después de un par de meses de poco trato, porque yo suelo estar poco por casa y, en ocasiones, no estaba muy animado a ponerme a hablar. El viernes y el sábado hablé un poco con ella, y era la de siempre. Me preguntó si tenía ya coche, me preguntó por Pily, por mi trabajo y mis viajes, me animó a salir y aprovechar el buen tiempo. El domingo por la mañana me crucé con ella en las escaleras. Bajaba para irse a comer a casa de su hijo, que la estaba esperando. Ya no la he vuelto a ver y no sé si la veré.

Esta mujer es una caja de sorpresas y bicho malo nunca muere, igual la desconectan, se despierta y a seguir, pero la verdad es que ya lo dudo. Pero si es así, me alegraré mucho. Pase lo que pase, me alegro de tener estos recuerdos, de haberla conocido, de haberme reído con ella, de haberme ocupado un poco de ella, en la medida de mis posibilidades. Mis abuelos y abuelas murieron todos siendo yo relativamente pequeño. Esto es el concepto más parecido al de abuela que, supongo, recordaré con mayor detalle que los recuerdos que conservo los usos y costumbres de mis abuelos biológicos. Podría liarme a escribir sobre su casa sin ducha ni calefacción, la manguera que llegaba a la terraza, la hermosa hortensia de la terraza, el olor a rancio de su casa, su bata de forro polar, sus largas conversaciones al teléfono con su familia, o las horas que pasaba cada día frente a la tele. Son mil cosas que la definían, y si sigo, serán otras mil, y otras mil. Mejor lo dejo aquí.

En fin... la hayáis conocido o no, esté viva o no: ¡quitémonos el sombrero por Felisa!

5 comentarios:

Emilitros dijo...

Me lo quito por descontao! Hats off!

con tu escrito la has añadido una mayor existencia, por si ya fuese poca. Aspecto vital importante.

Cambiando de tema... muy agradable siempre tu manera de escribir... ¿no se te ha ocurrido escribir algo de alguna cosa? "Relatos desde el Ferrocarril" o "Confesiones de un maquinista": serían volúmenes que molaría leer.

Hastalué!

Javi dijo...

Me mola eso de "confesiones de un maquinista". Voy a etiquetar así estas cosas. A ver si mañana publico una cosa que escribí hace un par de semanas en Lisboa. Efectivamente, me gusta escribir y me han animado a hacerlo, y cada vez que me veo contando algo que no es sobre música, me siento un poco más honesto para con este blog.

La mujer, a estas horas, sigue viva. El corazón aún le late. Es irreversible para el cerebro, pero se ve que esos 77 años de escaleras arriba, escaleras abajo, no han caído en saco roto.

Gerar dijo...

Javi!

Te doy en primer lugar mi más sentido pésame. Felisa mola!

En segundo lugar, unas gracias infinitas por permitirnos acceder a tu mundo interior, a través de estas joyitas tan amenas y bien escritas.

Es una verdadera lástima que la familia de Felisa nunca vaya a acceder a tu blog para leer un epitafio tan bonito.

Un abrazo!

El Duende Blog dijo...

Socio, yo estoy emocionado tras leer estas líneas. Con tanto curro con "el Duende" he estado desconectado de tu blog. Sin conocer a Felisa, le deseo lo mejor, esté donde esté.
¿Sabes? La abuela que me dejó el 11 de Diciembre se llamaba Felisa. Ojalá me hubiese visto subido al escenario del Hebe.
¡Brindo por todas las abuelas del mundo!

Javi dijo...

Pues nada, con mayor razón de ser, sombreros fuera por todas las abuelas rockeras y con radiocassette, postizas o no.