Supongo que lo que vivimos estos días / meses / años es para algunos como una vuelta a los años 60. No voy a comparar lo que se cuece con mayo del 68 ni nada por el estilo. No viví mayo del 68 ni nada anterior a enero del 79, y si me apuras, ni eso.
Es ahí donde quería llegar. No digo que los tiempos no sean convulsos o que no se estén haciendo cosas que no se han hecho en décadas. Digo que cuando mis hijos me pregunten por esto (si adquiere la relevancia histórica necesaria, lo cual significaría, espero, que ha servido para algo), será como cuando yo le preguntaba a mis padres por el hippismo, si pasaron represión en tiempos de Franco, etc. La respuesta nunca fue muy entusiasta, nunca les pareció nada reseñable, siempre fue como si nada de aquello hubiese sido tan grande como se contó. Nunca he dudado que me daban una visión acorde con lo que vieron y vivieron, que no me lo dulcificaban, porque no había necesidad.
Y si me puedo permitir otro mordisco en mi marca personal, me referiré a mi padre. Por evitar la carga matemática, en mi disertación diré que es responsable de aproximadamente un 50% de mi existencia. Por lo menos eso, al margen de otras cosas que haya aprendido de él o de la carga genética adquirida. Llegados a este punto, quiero afirmar que me siento responsable de mis acciones y solo de ellas. Que no me gustaría que se me midiese por las suyas o por la carga genética que me corresponda y me lleve a ser como él (con sus aciertos y sus errores), en ocasiones. No digo que haya nada malo que apuntar. Solo que la genética es lo único que innegablemente heredamos de nuestros padres, nada de lo que responsabilizarnos, y que hasta de eso se sacan conclusiones sobre quienes somos y si somos quienes queremos ser, pero que lo bueno o malo que ellos hayan hecho no se suma a nuestro marcador. Generalmente parece que lo bueno resta cuando te pueden acusar, por ejemplo, de enchufado. Y lo malo parece que resta muy claramente si te pueden achacar cosas en las que no tengas más relación que la que te vincula como familiar. Las cosas no deberían ser así. E insisto en que no hay nada que declarar a este respecto.
Y caigo también en frases que oigo estos días del tipo "les estamos pagando sus sueldos" o "están cobrando de mis impuestos". Bueno, pues eso es como el argumento irrefutable de un padre para zanjar con éxito cualquier discusión, y me parece tan errado en un planteamiento como en el otro. Se me antojan más como pataletas que como razones de peso ese tipo de salidas. Yo tengo un padre que en ocasiones ha zanjado alguna conversación con argumentos irrefutables de ese cariz. Y quién le quita, sobre todo a determinadas edades en las que es especialmente cierto, la razón. Pero un padre sabe que no tiene hijos para que lo hagan todo como él lo haría, paso por paso, para que sea fácil y predecible. Es una gran aventura, y seguro que, en términos generales, es genial que tus hijos sigan una línea en la vida, aunque no sea necesariamente tan recta, pero que llegue al mismo sitio. Un padre tiene hijos para dejar en sus manos un cierto margen de maniobra que les permite vivir sus propias vidas. Se me antoja muy parecido en muchos aspectos a delegar en políticos y saber qué responsabilidades pedirles, cuándo y cómo.
Es ahí donde quería llegar. No digo que los tiempos no sean convulsos o que no se estén haciendo cosas que no se han hecho en décadas. Digo que cuando mis hijos me pregunten por esto (si adquiere la relevancia histórica necesaria, lo cual significaría, espero, que ha servido para algo), será como cuando yo le preguntaba a mis padres por el hippismo, si pasaron represión en tiempos de Franco, etc. La respuesta nunca fue muy entusiasta, nunca les pareció nada reseñable, siempre fue como si nada de aquello hubiese sido tan grande como se contó. Nunca he dudado que me daban una visión acorde con lo que vieron y vivieron, que no me lo dulcificaban, porque no había necesidad.
Y si me puedo permitir otro mordisco en mi marca personal, me referiré a mi padre. Por evitar la carga matemática, en mi disertación diré que es responsable de aproximadamente un 50% de mi existencia. Por lo menos eso, al margen de otras cosas que haya aprendido de él o de la carga genética adquirida. Llegados a este punto, quiero afirmar que me siento responsable de mis acciones y solo de ellas. Que no me gustaría que se me midiese por las suyas o por la carga genética que me corresponda y me lleve a ser como él (con sus aciertos y sus errores), en ocasiones. No digo que haya nada malo que apuntar. Solo que la genética es lo único que innegablemente heredamos de nuestros padres, nada de lo que responsabilizarnos, y que hasta de eso se sacan conclusiones sobre quienes somos y si somos quienes queremos ser, pero que lo bueno o malo que ellos hayan hecho no se suma a nuestro marcador. Generalmente parece que lo bueno resta cuando te pueden acusar, por ejemplo, de enchufado. Y lo malo parece que resta muy claramente si te pueden achacar cosas en las que no tengas más relación que la que te vincula como familiar. Las cosas no deberían ser así. E insisto en que no hay nada que declarar a este respecto.
Y caigo también en frases que oigo estos días del tipo "les estamos pagando sus sueldos" o "están cobrando de mis impuestos". Bueno, pues eso es como el argumento irrefutable de un padre para zanjar con éxito cualquier discusión, y me parece tan errado en un planteamiento como en el otro. Se me antojan más como pataletas que como razones de peso ese tipo de salidas. Yo tengo un padre que en ocasiones ha zanjado alguna conversación con argumentos irrefutables de ese cariz. Y quién le quita, sobre todo a determinadas edades en las que es especialmente cierto, la razón. Pero un padre sabe que no tiene hijos para que lo hagan todo como él lo haría, paso por paso, para que sea fácil y predecible. Es una gran aventura, y seguro que, en términos generales, es genial que tus hijos sigan una línea en la vida, aunque no sea necesariamente tan recta, pero que llegue al mismo sitio. Un padre tiene hijos para dejar en sus manos un cierto margen de maniobra que les permite vivir sus propias vidas. Se me antoja muy parecido en muchos aspectos a delegar en políticos y saber qué responsabilidades pedirles, cuándo y cómo.
2 comentarios:
Todo es relativo... un ejemplo: Cogiendo la idea del último párrafo, en mi opinión, es el estado quien actúa como ese padre que dice "aquí se hace lo que yo digo y punto". El pueblo propone soluciones y alternativas pero el político, caso de responder, lo suele hacer con evasivas irrefutables o ininteligibles.
Así, si la comunicación entre el estado(padre) y la ciudadanía(hijo) no funciona, es de esperar que haya cierto cabreo entre ambos. Por parte de la ciudadanía habrá como todo, pataletas y razones de peso. Así, como inicio el comentario... todo es relativo.
Hastaluego!
Por supuesto, que cada uno lo entienda como le parezca! Por supuesto, no es una cuestión de tener razón o no. Para mí son paralelismos que encuentro en actitudes, pero, por supuesto, cada uno puede encontrar los suyos propios...
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