miércoles, 14 de noviembre de 2012

Una amiga para mi madre

...por iniciativa suya y porque la vida te trae más cosas de las que eliges. El caso es que me encantaría que nuestras madres se hiciesen amigas.

No soy el mejor hijo, seguro que podría hacer mucho más por mi madre en el día a día, o intentar mejorar su vida. No soy el primero en hacer favores. No soy el último en irse a casa los sábados. Pero me importa, y mucho, que sea feliz, que viva una vida bonita y sin tonterías.

Mi madre tiene ya 71 años. No está para tonterías, para perder tiempo. Si a estas alturas, de la forma más casual y a través de mí, mi madre encuentra en la tuya una nueva amiga que le dé seguridad y vitalidad, será estupendo. No podré haberle hecho mejor regalo, o quizá sí podré, pero éste será uno de los regalos más bonitos que le pueda dar. Como tantas veces pasa, muchos de los regalos más bonitos llegan por sí mismos, salen de la más casual de las maneras y lo mejor que puedes hacer es estar ahí y disfrutar del resultado y sentirte beneficiario más que artífice.

El mérito está en las buenas personas. En que las hay, en que existen, en que Dios las cría y ellas se juntan. En que unas se juntan y atraen a otras que se juntan también entre sí. Quiero formar parte de ese grupo. Del de las buenas personas.

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