
Algún disco bueno me he encontrado. Muchos de ellos me han acompañado en mis carreritas por el Tierno Galván o en los días de puente en casa. Uno de los más satisfactorios fue el que escuché ayer: Ashes & Fire, lo último de Ryan Adams. Un disco que suena bastante acústico, nostálgico y meloso. Americana en estado puro. Muy majo. Tengo pendiente lo de Seasick Steve, a ver esa recomendación de Txus en qué se materializa.
Aquí aún no había hablado del iPhone. Eché muchas pestes en su día de los primeros iPod, sobre todo cuando salió el Shuffle, que me pareció un invento bastante estúpido (estúpido del todo cuando se le acompaña de unos inmensos auriculares, peor aún si su precio es insultantemente elevado y no te da más que limitaciones y dificultades comparado con cualquier reproductor del Media Markt que, además, te sirve de disco USB. No me maten aún: soy capaz de resultar más ofensivo, denme tiempo). El iPod Touch fue el primero que me pareció un cacharro realmente útil, y claro, en cuanto salió el iPhone, quedó claro que lo habían bordado bastante y habían revolucionado unos cuantos conceptos.
Yo hace años que jubilé mi reproductor de MP3 Thomson en favor de no cargar con un cacharro más y usar el móvil como reproductor, aunque no fuese necesariamente lo más cómodo. Empecé usando un Nokia y seguí con mi Samsung Omnia y su Windows Media Player, y la verdad es que ambos han hecho su servicio y, sobre todo en el segundo, he oído cientos de discos nuevos durante un par de años. Poco antes de tener el iPhone, también he usado brevemente una Blackberry algo trasnochada que me pareció que iba bastante mal en el aspecto musical, pero la verdad, a falta de catar las últimas versiones de Windows Mobile o de meterme en el mundo Android, debo decir que el iPhone me convence y mucho. Soy afortunado o desafortunado, según se mire porque, además de tener móvil de empresa, dispongo de correo en él. Un pequeño castigo cuando recibes correos a todas horas, pero también una pasada cuando puedes consultar casi cualquier cosa en cualquier momento. No sé la vuestra, pero os aseguro que mi vida y mi forma de usar música, correo e internet, ha cambiado mucho en unos meses. Y eso que correo en el móvil e internet ya tenía desde hacía cosa de dos años, y Facebook, desde que me dio por ahí allá por marzo.
En fin, qué os voy a contar... El caso es que, con todo, no me siento, ni de coña, el típico usuario abducido por su teléfono, ni siquiera creo que haya pasado por alguna fase de esas. Tengo un iPhone bastante poco nutrido de aplicaciones, pero reconozco que es porque no lo tengo en mente cuando me planteo una necesidad, porque, por estar, está todo. Al margen de cosas como Instagram o Pixlromatic, para hacer fotos de aspecto chusco, el Torch, que ilumina los momentos en los que la luz de la escalera falla, redes sociales varias, aplicaciones de mensajería y llamadas gratuítas, un lector de RSS y poco más, no me he bajado gran cosa. Pero tanto para esto como para lo que te puedas imaginar, es cierto que, "si eres capaz de pensarlo, seguro que ya existe". Ayuda mucho que existan otras herramientas de gestión del iPhone al margen del consabido iTunes. Y más que podría ayudar, y seguro que las hay mejores que las que yo conozco. Sigue siendo el "pero" más feo que queda, con lo sencillo que sería que trabajase como dispositivo de almacenamiento masivo y punto... Pero la verdad es que funciona. Y aunque no sea perfecto y también tenga sus idas de olla, es, con diferencia, la mejor experiencia de usuario por la que he pasado.
Total, que el jueves pasado me eché una buena carrera por el parque al arrullo de la edición 40 aniversario del Nevermind de Nirvana, y como un tonto, calculé con Google Maps en el ordenador que debía haber corrido entre 5 y 6 kilómetros. Pero en ningún momento, mi cabecita fue capaz de articular que ese cacharrín que además de música tiene acelerómetro y GPS, sería capaz de contar los pasos que daba, lo que distan, la velocidad a la que los recorro, etc. Ni me lo planteé, pero al otro lado del teléfono, una aguililla me decía "te regalaría un podómetro para cuando sales a correr, pero fijo que te encuentras uno por dos duros para el iPhone". Pues tanto es así que, ni dos duros, porque me salió gratis total.
Ahora sé que, efectivamente, vengo corriendo unos 5,5Kms, en unos 40 minutos (un poquito más tardé ayer y más podría haber tardado porque creo que corrí bastante rápido para lo que lo suelo hacer). También sospecho que la precisión no es absoluta... pero vaya, que coges tu iPhone, que es un cacharro caro, y le restas lo que cuesta una memoria USB de 16 o 32 GB, un reproductor MP3, un pincho 3G con función mifi, un podómetro, una grabadora de voz, un bloc de notas, una agenda... y en fin, llevas encima el equivalente moderno de la navaja suiza.
Aquí aún no había hablado del iPhone. Eché muchas pestes en su día de los primeros iPod, sobre todo cuando salió el Shuffle, que me pareció un invento bastante estúpido (estúpido del todo cuando se le acompaña de unos inmensos auriculares, peor aún si su precio es insultantemente elevado y no te da más que limitaciones y dificultades comparado con cualquier reproductor del Media Markt que, además, te sirve de disco USB. No me maten aún: soy capaz de resultar más ofensivo, denme tiempo). El iPod Touch fue el primero que me pareció un cacharro realmente útil, y claro, en cuanto salió el iPhone, quedó claro que lo habían bordado bastante y habían revolucionado unos cuantos conceptos.
Yo hace años que jubilé mi reproductor de MP3 Thomson en favor de no cargar con un cacharro más y usar el móvil como reproductor, aunque no fuese necesariamente lo más cómodo. Empecé usando un Nokia y seguí con mi Samsung Omnia y su Windows Media Player, y la verdad es que ambos han hecho su servicio y, sobre todo en el segundo, he oído cientos de discos nuevos durante un par de años. Poco antes de tener el iPhone, también he usado brevemente una Blackberry algo trasnochada que me pareció que iba bastante mal en el aspecto musical, pero la verdad, a falta de catar las últimas versiones de Windows Mobile o de meterme en el mundo Android, debo decir que el iPhone me convence y mucho. Soy afortunado o desafortunado, según se mire porque, además de tener móvil de empresa, dispongo de correo en él. Un pequeño castigo cuando recibes correos a todas horas, pero también una pasada cuando puedes consultar casi cualquier cosa en cualquier momento. No sé la vuestra, pero os aseguro que mi vida y mi forma de usar música, correo e internet, ha cambiado mucho en unos meses. Y eso que correo en el móvil e internet ya tenía desde hacía cosa de dos años, y Facebook, desde que me dio por ahí allá por marzo.En fin, qué os voy a contar... El caso es que, con todo, no me siento, ni de coña, el típico usuario abducido por su teléfono, ni siquiera creo que haya pasado por alguna fase de esas. Tengo un iPhone bastante poco nutrido de aplicaciones, pero reconozco que es porque no lo tengo en mente cuando me planteo una necesidad, porque, por estar, está todo. Al margen de cosas como Instagram o Pixlromatic, para hacer fotos de aspecto chusco, el Torch, que ilumina los momentos en los que la luz de la escalera falla, redes sociales varias, aplicaciones de mensajería y llamadas gratuítas, un lector de RSS y poco más, no me he bajado gran cosa. Pero tanto para esto como para lo que te puedas imaginar, es cierto que, "si eres capaz de pensarlo, seguro que ya existe". Ayuda mucho que existan otras herramientas de gestión del iPhone al margen del consabido iTunes. Y más que podría ayudar, y seguro que las hay mejores que las que yo conozco. Sigue siendo el "pero" más feo que queda, con lo sencillo que sería que trabajase como dispositivo de almacenamiento masivo y punto... Pero la verdad es que funciona. Y aunque no sea perfecto y también tenga sus idas de olla, es, con diferencia, la mejor experiencia de usuario por la que he pasado.
Total, que el jueves pasado me eché una buena carrera por el parque al arrullo de la edición 40 aniversario del Nevermind de Nirvana, y como un tonto, calculé con Google Maps en el ordenador que debía haber corrido entre 5 y 6 kilómetros. Pero en ningún momento, mi cabecita fue capaz de articular que ese cacharrín que además de música tiene acelerómetro y GPS, sería capaz de contar los pasos que daba, lo que distan, la velocidad a la que los recorro, etc. Ni me lo planteé, pero al otro lado del teléfono, una aguililla me decía "te regalaría un podómetro para cuando sales a correr, pero fijo que te encuentras uno por dos duros para el iPhone". Pues tanto es así que, ni dos duros, porque me salió gratis total.
Ahora sé que, efectivamente, vengo corriendo unos 5,5Kms, en unos 40 minutos (un poquito más tardé ayer y más podría haber tardado porque creo que corrí bastante rápido para lo que lo suelo hacer). También sospecho que la precisión no es absoluta... pero vaya, que coges tu iPhone, que es un cacharro caro, y le restas lo que cuesta una memoria USB de 16 o 32 GB, un reproductor MP3, un pincho 3G con función mifi, un podómetro, una grabadora de voz, un bloc de notas, una agenda... y en fin, llevas encima el equivalente moderno de la navaja suiza.La verdad es que los tiempos están cambiando :-)
Os dejo con algunas canciones del disco de Ryan Adams que me acompañaba ayer. Que ustedes lo disfruten con salud.
Os dejo con algunas canciones del disco de Ryan Adams que me acompañaba ayer. Que ustedes lo disfruten con salud.
No hay comentarios:
Publicar un comentario