miércoles, 2 de noviembre de 2011

Seis meses y varios libros...

Desde que empezó la reforma del baño de mi casa he estado pelín disperso como para pasar mucho por estos lares. Hay mil razones... el primer mes fue porque estaba un tanto desubicado, viviendo en casa de mi hermana, y no me centraba mucho en hacer nada en concreto, al cabo de un mes, volví a casa y en ese tiempo he hecho de todo, casi ni un día sin parar, y a eso le podemos sumar echar carreras algunos días (por desgracia menos de los que quisiera las últimas dos o tres semanas), tocar con Ojos de Gamba a menudo, hacer mi parte de la obra del baño (algún día terminará, ¡¡¡lo prometo!!!) y tener algo de vida social.

Durante los últimos meses no he parado de leer. La última vez que hablé de lectura por aquí debí de mencionar el libro sobre Highway '61 que me regaló Félix por ir a su programa y mi intención de leerme las Historias de Cronopios y Famas de Cortázar. El libro de Cortázar se me hizo algo duro. Son historias cortas que, por esa parte, lo hacen llevadero, pero por las mismas, se te hace un mundo leer varias de ellas seguidas y mantener el pensamiento en modo surrealista durante, por ejemplo un viaje de metro entero. Vale. Soy mal lector, eso no me importa reconocerlo. Y lo de los calcetines con lunares rojos, tampoco.

Total, que poco antes de irme de casa de mi hermana y, a recomendación de Lorena, me puse con La Impaciencia del Corazón, del autor húngaro Stefan Zweig, que la una le había regalado a la otra. He tardado bastante en leerlo. Practicamente un mes en las 450 páginas que forman este libro de un único capítulo bastante sencillo de atacar, sin saltos, con una fluidez digna de ejemplo. Me gustó mucho. Al igual que Esta Historia, de Alessandro Baricco, que nada tiene que con éxte ver salvo por el hecho de que me lo regaló Lorena a los pocos días de reencontrarnos y que discurre en una época parecida, lo intresante es que Esta Historia es una obra contemporánea, mientras que La Impaciencia del Corazón, está escrita en 1939. Yo he leído relativamente poco y me sorprende y me alegra encontrarme con novelas atemporales, con que me cuenten una historia de un modo y en un lenguaje que pueda entender yo igual que lo haría mi abuelo (igual el traductor ha hecho también un buen trabajo de adaptación, no lo dudo). Aunque tardar un mes en leerlo me parezca un tiempo un poco vergonzante, para una novela que me ha gustado bastante, me alegra mucho también que ese libro me haya acompañado durante todo ese tiempo, porque no ha habido un pasaje más flojo que otro a lo largo de ese fluir constante.

Fue terminar con La Impaciencia del Corazón y comenzar con la biografía de Geoff Emerick, en la que se centra en sus años grabando a los Beatles en El Sonido de los Beatles: Memorias de su Ingeniero de Grabación. Una vez más, lectura cortesía de Lorena, y un gran acierto. Me encanta leer de estos temas, y acerca de los Beatles, la verdad es que no hay muchos libros que no hayan pasado por mis manos. Si a eso le sumamos la cantidad de documental videográfico que he absorbido a lo largo de los años, no es fácil encontrar historias nuevas sobre los cuatro fabulosos de Liverpool. Me encanta que me lo haya regalado ella. Me encanta que apruebe y fomente esa temática friki de lectura, al igual que me encanta que me descubra otras cosas estupendas que leer que son más literatura propiamente dicha. Con este libro, apenas he tardado diez días, y en extensión tampoco se queda corto; cerca de 400 páginas. Un par de viajes a Alcalá de Henares me hay ayudado, todo hay que decirlo, a pegarle buenos empujones.

En su biografía, Emerick se despacha a gusto con cada uno de los Beatles (el Lennon lunático y arisco, el Harrison torpe y huraño, el Starr callado y abúlico y el McCartney cínico e hiperactivo, quien, con todo, sale bastante bien parado); con George Martin como egocéntrico productor y medallista amigo de lo ajeno; con el modo de trabajo de la EMI y con los diferentes ingenieros y ayudantes que le acompañaron en la sala de control. Nos descubre cómo buscaba nuevos sonidos a base de transgredir un poco las estrictas normas de los estudios EMI. Unos estudios que no querían ser conscientes de que tenían el privilegio de contar con una banda que les daba un alto porcentaje de sus ingresos totales y, con quienes sin embargo, no estaban demasiado dispuestos a hacer mayores concesiones. El libro termina con una buena reflexión: a día de hoy, con la posibilidad de grabar, retocar y reprocesar, casi con herramientas infinitas, parece que, todo el que tenga una buena tarjeta de sonido en casa y un par de micros buenos, está en condiciones de lograrlo todo, pero es alarmante lo poco que se escucha y se piensa en hacer una buena interpretación de principio a fin, frente a lo mucho que se procesa, sobre la pérdida de la emoción en la búsqueda de la perfección. Geoff Emerick no escatima en explicar cómo los Beatles, los Zombies, la banda de turno o él mismo imaginaban sonidos y texturas (y en el caso de John Lennon, las dosis de imaginación eran mucho mayores), y él tenía que encargarse de proporcionar los medios para hacerlos realidad. Ese era el uso que se hacía de la tecnología (o a veces, más bien de la falta de la misma!) Ese pensamiento va mucho conmigo. Me ha gustado esa reflexión. Aunque el libro está escrito en un lenguaje muy sencillo, casi para niños, reiterando mucho determinadas cuestiones y opiniones concretas y deja muy visible una personalidad algo difícil por parte del autor, a juzgar por sus relaciones con los diferentes implicados en las grabaciones, y pese a que cuenta algunas historias bien conocidas para cualquiera que haya visto la serie de documentales Anthology, me ha parecido una lectura estupenda y muy motivadora y recomendable. Se disfrutan especialmente los capítulos sobre Revolver y Sergeant Pepper, por el claro hecho de ser discos con los que disfrutó mucho más y puso mucho más a prueba su capacidad para "pintar sonidos".

Ayer mismo lo terminé. Un mes después de que Lorena me lo regalase. Y ayer mismo hacíamos 6 meses juntos, y en pleno zafarrancho opositor en el que nos vemos inmersos (bueno, ella, sobre todo, yo sólo le intento dar apoyo), nos escribimos y hablamos relativamente poco, nos regalamos una bonita cena, una copilla y una noche preciosa (un poco calurosa con esta repentina subida de las temperaturas y la calefacción programada para evitar resfriados). Un lujo tener a my huckeberry friend a mi lado una noche tan importante. Un lujo compartir mi vida y las seis siguientes con ella. Un lujo (esto es más difícil de comprender, pero yo sé lo que me digo) pasar por experiencias tan duras como apasionantes que, desde un principio, quise llegar a ver. Es alucinante verla preparar los diferentes exámenes de la oposición, armar temas, dotarlos de mayor brillantez, tratarlos con auténtica estrategia y ver cómo construye todo un universo autosostenido entorno a un tema que, en su boca, se vuelve absolutamente apasionante. Siempre me dice que le gustaría verme por un agujerito cuando estoy en casa haciendo mis pequeñas ñapas, y sin embargo, creo que por un agujerito similar en su pared, vería cosas mucho más interesantes. Más allá del agobio y del "no llego", está una persona tenaz como no he conocido a otra, que consigue abarcar todo lo que se propone sin ceder nada de fuerza, apretando todo lo humanamente posible y dando siempre un 200% de su tiempo y sus energías. El tiempo a su lado nunca sabe a poco "durante", sólo te lamentas de que no dure más, porque siempre es todo intenso y vivo. Me encanta y quiero más. Al margen de los regalos que nos podamos hacer para celebrarlo, el mayor de todos, es tenernos el uno al otro.

3 comentarios:

Emilitros dijo...

La de cosas que se pueden descubrir con los libros! inquietante reflexión la que has compartido referente a la búsqueda de sonidos en la grabación.

Un abrazo y enhorabuena por vuestro semestre!

Lorena dijo...

Mmmmmmm..... Así que te has quedado sin lectura....
Pues dile a la chica esa con la que andas que te recomiende algo...
Por cierto, no es envidia, pero la chica, para tanto no será...
El día que se caiga de la nube esa en la que la has subido.... se va a pegar una leche...
Muaka!!!! (y mil gracias, Tú sí que vales!!!)

Javi dijo...

Ya sé por dónde podría seguir, ¿Verdad? :-)

Lorenilla..! Esa chica lo vale todo y más, y no hay nube de la que bajarla! Así que besos y gracias para ella... Esa chica se llama igual que tú! Ay qué cosas...

Emilio! Gracias!! Te podría gustar el libro teniendo en cuenta tu experiencia colocando micrófonos y quedándote con el personal y tu riqueza conceptual intrínseca...