lunes, 26 de diciembre de 2011

Los abuelos cebolleta se ponen tiernos

Hola a todos y Feliz Navidad! las cosas como son...

La semana pasada, Félix nos mandó un enlace a un texto que escribió para Zona Ruido, en un correo titulado Dedicado a Mis Colegas, que rezaba así:

Son un montón de recuerdos (Artículo de Felix el Duende, 21-12-2011)

Llamadme raro, pero ahora que todo es tan fácil gracias a “mulas” y “emepetreses” yo no puedo evitar añorar un tiempo en el que la música no estaba tan al alcance de nuestras manos (y oídos). Y que quede claro que estoy más que encantado con el invento de internet, gracias al cual pueden llegar mis programas de radio a casi cualquier rincón del planeta. ¿Cómo? ¿Radio en el ordenador? Ya lo avisaron Dylan y después Loquillo, “los tiempos están cambiando”... ¡y a qué velocidad! Pero será mejor que me centre en el asunto o reflexión que me apetecía compartir con vosotros.

Hace una década me hice con mi primera grabadora de “cedés” (llamada “tostadora” por algunos, pero para mí la tostadora es el cacharro maravilloso que tengo en la cocina y, la verdad, no quisiera liarme y confundir términos). El caso es que mi primera toma de contacto con tal adquisición fue frustrante, desastrosa y, sobre todo, fría, nada emotiva. Tardé horas en copiar (venga, si queréis digo “tostar”) un compacto, no sin antes tirar a la basura otros cuántos que quedaron inservibles. Retrocedo a continuación diez años más hasta llegar al momento en el que mi padre trajo a casa una doble pletina para grabar cassettes (conocidas de manera cariñosa como “cintas”). Entonces sí que me sentí feliz, emocionado y, más que nada, autosuficiente. Os hablo de unos días que parecen lejanos y no lo son tanto, días en los que el compact-disc estaba como quien dice naciendo y la mayoría de los mortales escuchábamos vinilos y, sobre todo, cintas/cassettes. Primero pudimos pasarnos los vinilos a cinta y así escuchar las canciones que tanto nos molaban en el buga y en los parques (gracias al radio-cassette) y, después, hacer lo mismo sólo con cintas (por medio del radio-cassette de doble pletina, como el que tuve yo). Cuando ocurrió esto último, fuimos muchos los que comenzamos de verdad a amar la música y a construir la banda sonora de nuestra vida. Y os diréis, “vaya cursilada que acaba de soltar este menda”. Tenéis razón pero yo continúo y así me explico. Aunque hubiese llegado el “pirateo” se necesitaba dinero para comprar las cintas. Es decir, el soporte físico era imprescindible. Por lo tanto, ¿cuántos discos podíamos conseguir en unos meses? Cuatro o cinco, en el mejor de los casos. Y como no teníamos nada más que escuchar, acabábamos aprendiéndonos de memoria estribillos, solos de guitarra y hasta pausas entre tema y tema. Cogíamos tal cariño a aquellas cassettes que les diseñábamos portadas a base de bolígrafo y rotulador. Y cuando el grupo que sonaba en ellas venía a tocar a nuestra ciudad, vivíamos aquello como el evento del siglo, como algo que recordaríamos toda la vida. Bueno, confío en que vosotros también experimentéis esa sensación en los conciertos.

Regreso al presente. Y seguiré hablando de mí, si no os importa. Tengo miles de discos (“cedeses” y “emepetreses”), una gran cantidad de ellos de Rock Estatal. ¡Anda que no tenemos grupazos! ¡Y qué puñado de buenas canciones! Sí, hombre, por ejemplo la que dice... esperad, la tengo en la punta de la lengua... bueno, mejor la otra, que la escuché ayer, titulada... ¿cómo se titulaba?... Joder, os canto cualquier clásico de Barricada o Rosendo, pero una actual... ¡buf! Colegas, sé muy bien lo que me ocurre. Me faltan horas para aprenderme como antaño estribillos, solos de guitarra y... ¡vaya, con el reproductor de mi pc ya no hay pausas entre tema y tema! Yo sigo con mi vieja costumbre de escuchar un disco completo un montón de veces y, claro, me pierdo el disfrutar de otros. Intento pensar que no estoy anticuado, que simplemente provengo de otra escuela, y que las nuevas generaciones estáis construyendo vuestra propia banda sonora. Y es que, os lo digo en serio, no hay nada como echar la vista atrás y que te venga a la cabeza una buena canción acompañando a un montón de recuerdos.

Ojalá eso no se pierda nunca.

A mí, leer esto me evocó otro puñado de recuerdos, así que respondí a todos los implicados en el correo:

Respuesta de Javi (21-12-2011):

Muy de acuerdo, Felisín!!!
Nada como una feria del disco para que estas cosas se recuerden con más intensidad.

En el mejor de los casos, os conozco hace 10 años (a Emilio y a Gerar, luego vinisteis los demás)... ya nos hemos conocido masacrando CDs (a mí también me pasó, menudas Navidades las de aquel año con mi grabadora ACER x4x4x32...).

Pero supongo que, aunque no nos conociesemos en los tiempos de las cintas, las cassettes de mi altillo son como las que dice Félix (mención especial a las portadas hechas con las carátulas de las tiendas Tipo o Discoplay, o cuando salía un reportaje en una revista y te daba para una portada enorme y te planteabas "esta foto ¿se la pego la cinta o a la carpeta del cole?) y como las vuestras.

¡¡¡Ay Fer!!! ¡¡¡Cuántas cosas te habrás perdido!!! Yo ya grababa canciones sueltas de los Beatles en cintas Philips C-60, negras con el papel naranja con rayitas, y tú no habías nacido! No sabíamos nada de respuesta en frecuencia y veíamos una gráfica logarítmica en cada paquete que abríamos. ¿Os acordáis?

No sigo, que me pongo tonto...

Al día siguiente, Fer respondió con un enlace que ponía de manifiesto cosas que él seguramente no ha vivido (quizá el Tamagotchi, el Furby y la Gameboy sí...), y Gerar nos dio su visión de la época en respuesta a mi correo:

Respuesta de Gerar (23-12-2011):

Joder, qué grandes verdades!

Me acuerdo perfectamente, de aquella manera de quemar las cintas, como dice Kiko Veneno, hasta que salten los cachitos de hierro y cromo. Y me acuerdo de mi grabadora de CDs 1X, a la que no tengo ni el más mínimo apego...

Pero AY! de esa doble pletina comprada en el Pryca. Marca First Line, con mis 8900 ptas, fruto de casi un año de ahorro de pagas y propinas de los abuelos. De ésa si que me acuerdo. Me la compré en el verano de 1994 con el objeto de grabarme los juegos de cassete del Amstrad CPC464... pero fue la puerta que me abrió el camino a la música.

Recuerdo que aquél verano me lo pasé pegado a las emisiones en directo que hacía cadena 100 de Woodstock 94, y allí, a altas horas de la madrugada descubrí a un montón de grupos que grababa sistemáticamente (quitando las pausas publicitarias y comentarios del Luqui) en cintas de hierro de 90. Por aquél entonces las cintas de cromo estaban lejos de mis bolsillos.

Lo que extraigo del artículo de Félix es la constancia una vez más de que nada que merezca la pena se obtiene sin esfuerzo, y que tantas facilidades ahogan la satisfacción que produce conseguir algo a través del esfuerzo. Esa satisfacción es el motor que nos hace seguir caminando. Ciertamente, no escucho música como lo hacía antes, ni presto tanta atención a los matices, ni me emociono como entonces. Félix, has encontrado lo que falla. ¿Pero cómo renunciar a tantas comodidades?.

Escuchar la música como se merece, controlando las cantidades descargadas, y obligándome a ir a la tienda de vez en cuando será uno de mis propósitos del 12, ¿qué os parece?

Gracias chavales!

Emilio reescribió un correo que había enviado en privado a Félix y le dio una vuelta adaptándolo al hilo que nos ocupaba:

Respuesta de Emilio (23-12-2011):

Musicalmente hablando
, yo estoy chapado a la antigua y las costumbres no las pierdo... si bien las actualizo; y es que tan importante es el apoyarse en las nuevas tecnologías que te aporten algo como el utilizarlas con tu propio criterio. Así, está cojonudo lo de bajarse música y poder escucharla con reproductores mp3 en los que te caben bastantes discos. Lo que sí que mantengo es el concepto de escuchar los discos completos (no canciones sueltas) y, si el disco merece la pena, darle algunas escuchas para zambullirse mejor en el micromundo que musicalmente se recree en él. Esos principios vienen inculcados por el pasado musical de las cintas... Algo en lo que sí me noto que he cambiado es en mi propio criterio personal, si bien quizá pueda ser por motivos de ir adquiriendo alguna mínima experiencia musical a lo largo de los años: antes un disco te podía no gustar mucho pero como la discoteca de cintas, vinilos y cedes no era infinita, uno acababa re-escuchando cosas que no te convencían demasiado hasta que al final, a base de repetirlo varias veces, acababas con una sensación de creer que eso te gustaba. Ahora, con una primera escucha de un disco (y en ocasiones uno no tiene ni que llegar hasta el final), uno sabe si merece la pena darle la oportunidad de pase a formar parte de tu vida o no. En definitiva... prefiero escucharme un buen disco diez veces, que diez buenos discos una vez. Y si tengo esta idea es por la herencia adquirida comentada de currarte y ganarte a pulso la música (cuando era analógica). Estaría curioso hacer una exposición con cómo se curraba antes la gente las cintas...exponer algunas joyitas... este tema y esta exposición daría para hablar en una mesa redonda... para las jornadas delta de un año cualquiera podría ser interesante.

Con esto, Fer se animó a dar su visión, muy diferente, pero muy valiosa...

Respuesta de Fer (24-12-2011):

Aun siendo el que ya llegó solo a las cintas, recuerdo el primer walkman Sanyo para el que ahorré: 5000 pelas, ecualizador integrado (en la misma tapa).
Pero no voy a negar que la tecnología está para aprovecharla.
Me parece que el iPod te permite estar de fiesta con los amigos, pincharlo donde sea, y decir: "pues yo tengo este grupo, espera que lo busco, es de unos amigos, y mira...". Tantos gigas algo bueno tiene que tener :P
Luego está Dropbox. Yo no se como me iba a culturizar la gente si no me pasara música por aquí. Si me quedara con "mi cinta", sería Dropbox. Descubro la música que la gente me va pasando por aquí, y de verdad que gracias a esto me han pasado auténticas joyas. No se cuantas veces ni a cuantos de vosotros le habré dado la chapa con esto, (la última a Gerard, esperando un metro, jaja), pero grandes músicos que ahora no me dejan dormir hubieran sido desconocidos para mí. Y los trillo, como bien dice Emilio, me tiro horas tocando encima de ellos. Muchos otros se escuchan una vez y ahí se quedan, pero hay otros que según suenan te paran, te pegan una bofetada en la cara, y ya te desvelan. Sigo sin ser capaz de leer mientras suena de fondo Tonbruket, Realmente creo que cuando Félix dice " Sí, hombre, por ejemplo la que dice... esperad, la tengo en la punta de la lengua... bueno, mejor la otra, que la escuché ayer, titulada... ¿cómo se titulaba?... " y luego rememora los clásicos, creo que los clásicos son clásicos por algo. Me refiero a que un disco que me llama lo escucho como mínimo dos veces, y si, desde mi opinión, tiene más que darme, el resto vendrá solo, y cada X estaré poniéndomelo porque realmente es lo que me pide el cuerpo en ese momento. Hoy por ejemplo, el "Ten" de Pearl Jam, que, si no tenéis nada que hacer hoy, pues dadle al play:http://www.lastfm.es/music/Pearl+Jam/Ten

Ayer ocurrió una cosa estupenda: Sin saber nada del tema, mi hermano se topó con un libro sobre portadas de cintas y CDs ilustradas a mano, como yo comentaba en mi respuesta, y para cerrar el tema, Fon, que era el último por intervenir, nos respondió anoche lo siguiente:

Respuesta de Fon (25-12-2011):

Pues no soy yo muy fetichista con estas cosas pero hay que reconocer que tenía su encanto. Mi primer walkman me lo regaló mi madrina cuando hice la primera comunión, y por aquel entonces fue uno más de los regalos que me hicieron y no le di demasiada importancia. Tengo un vago recuerdo, pero creo que algún año antes yo estaba flipado con el grupo EUROPE y su "The Final Countdown". Aunque es cierto que debía flipar casi más con la estética del grupo, cuyas fotos salían en la revista Superpop o en las pegatinas de los chicles, que por las canciones, porque no recuerdo haber tenido la cinta hasta que tuve 9 ó 10 años y hasta entonces solo conocía los singles de la radio. Recuerdo pasarme clases enteras rebobinando cintas con el boli "Bic" porque una cara me gustaba más que la otra. Si lo hacía con el walkman se me gastaban las pilas. Tampoco se me olvidará cuando el walkman se comía la cinta y te dejaba un trozo de canción inservible, que por regla general era la que más te gustaba. En esos casos he llegado a cortar la cinta suprimiendo la canción correspondiente y empalmar con celo las partes restantes. Episodios dignos de mención cuando grababas encima de lo anterior y luego durante la reproducción oías lo que acababas de grabar y además se escuchaba de fondo las canciones originales. Y en lo que tengo que decir que me pasaba horas y horas en vez de estudiar era en decorar las carátulas, bien recortando anuncios de Marlboro para mis cintas de country, o bien dibujando en papeles en sucio para no experimentar sobre la carátula final. En fin... parecemos unos carcas contándole batallitas a Fer.

Ha sido bueno desempolvar estos recuerdos ¿Seguimos?

6 comentarios:

Fernando García Redondo dijo...

Ya ves que si ha sido bueno desempolvar recuerdos :)

Para reafirmar mi teoría, hoy he "desempolvado" otro de los grandes, de estos que debes escuchar una y otra y otra y si me apuras, otra más (vez):
http://www.lastfm.es/music/Pink+Floyd/A+Saucerful+of+Secrets

Javi dijo...

Lo que tiene ser el primero o el segundo en intervenir es que te dejas en el tintero cosas que dicen otros.

Yo me gasté un poquito más que Gerar en mi doble pletina, una Aiwa de 11.000 pelas, para la que ahorré la tira. Le hice mil perrerías y le conecté un Discman Sanyo comprado en el Cash Converters a la entrada de línea... Lo de las cintas del Amstrad también lo hice, pero con el equipo de música de la familia: una Inves con tocata y todo que, a veces, decidía darnos una sorpresa y pillar las cintas.

Me acuerdo de las cintas TEAC que comprábamos siempre en la misma tienda (¡pero no recuerdo la tienda!). Sonaban cojonudas, pero al cabo del uso "se ponían duras" (había toda una terminología entorno a las cintas). Y tenías que aflojarle los tornillos para que no se parasen o no se pillasen. Recuerdo empalmarlas con celo por la parte que no leía la cabeza, para que quedasen lo mejor posible.

Recuerdo grabar de la radio con una cadena Philips "moving sound" de color amarilla que tuve. También con esa cadena aprendí a grabar con pistas, porque había una posición intermedia e inestable de un interruptor en la que te mezclaba lo que sonaba en una pletina con lo que captaba el micro, así que ahí empezó todo. Esa cadena llegó en la comunión, igual que el walkman mazacote Sanyo con ecualizador integrado. Menudo ladrillaco!!! Luego tuve un par de Aiwas o tres y aún debo de tener el último que me compré.

Con el walkman o el discman conectado a la cadena nos inventamos los fade-out para cuando no nos cabía la canción completa en una cara, también con la doble pletina y un buen control del cuentavueltas podías editar las canciones. Hacíamos remixes con cosas de las canciones que teníamos, por ejemplo, cogiendo todos los "I Love You" de los Beatles, los Bee Gees, Elvis, etc.

Pero hay algo en lo que coincido con Fon: En esa primera cinta Philips C-60 mi hermana me grabó las tres canciones de Europe que sonaban en la radio: The Final Countdown, Rock The Night y Carrie. Y luego, de todo, pero sobre todo, cosas de los Beatles.

Y ese afán del quiero y no puedo por que tus cintas pareciesen originales: Si la pegatina se podía despegar, era estupendo! Si eran letras impresas en el plástico y se podían borrar, ¡aún mejor! No bebía, pero sí que corrían litros de alcohol (de 96º)

Y suscribo a Félix y a nuestra manera de exprimirnos los discos. Cuando me descubro reoyendo insistentemente algún disco, a la antigua usanza (en 2011 puedo citar a New York Dolls o a Coque Malla, por ejemplo), me alegro mucho.

Y qué maravilla es el iPhone! Años renegando de Apple... ¿para qué? Naaaah!

Que sigan los recuerdos!!!

Emilitros dijo...

en cuanto a la logística... en mi caso, lo que más utilicé fue una de esas cadenas que tenían todo incluido en la misma carcasa: radio, dos pletinas y tocadiscos. Un auténtico disfrute para el trajín musical. De hecho la utilizo aún para poner los vinilos.

También comentar que antes uno era mucho más radiofónico de lo que es ahora... los programas de radio eran para conocer grupos y sobre todo para hacerte con las grabaciones... uno no podía escuchar un programa sin una cinta a punto para darle al rec.

Me alegra haber disfrutado en primera persona los avances tecnológicos de la época... podremos decir a nuestros nietos que nosotros no teníamos cuando éramos jóvenes ni móviles, ni reproductores mp3, ni teléfonos inalámbricos, ni adsl, ni redes sociales, correo electrónico, tdt... seremos tan arcaicos y viejunos como hoy nos pueden resultar nuestros propios abuelos/as.... ¿y habrá que decirles que antes se vivía mejor?

Javi dijo...

Todo abuelo está en el deber de hacerlo!!!

Recuerdo con unos 11 años los monográficos de Radio 80 que repasaban en 24 horas la discografía completa de Elvis o de John Lennon, o ese Beatles Desconocidos de los 40 que hizo sonar por primera vez las grabaciones piratas que fueron saliendo en los discos de The Swingin'Pig Records

Gerar dijo...

Cojonudo el post!

Añadiria mis frequentes visitas a la fotocopisteria para explicarle durante 15 minutos a la dependienta con que porcentaje tenia que hacer las reducciones para que la caratula del CD que me habia grabado pudiera entrar feten en la caja de la cinta, y al mismo tiempo, hacerlo a doble cara y con todo el libreto!!!

Hacerlo bien era todo un arte. La que mejor quedo fue una de Jimi Hendrix, que ademas pegue con el papel celo ese que es como mas transparente... un gran avance, ya que con el tiempo no se pone asqueroso, como el celo normal.

Gran post, reitero!

Gerar

Javi dijo...

Sí... el tema de las fotocopias historiadas trae cola... Por cierto, el libro que comento sobre las carátulas de cintas y CDs hechas a mano se llama "Gracias por la música - Portadas de CD y cassette hechas en casa"