jueves, 10 de mayo de 2012

Tengo un cuaderno nuevo

Tengo varios, a decir verdad... Tengo uno de un curso de francés de hace un par de años. Ese es el que utilizo para las letras de canciones para Faux Filet. Aún tiene mis apuntes del teórico de la autoescuela que hice en la misma época del curso de francés (no os creáis, que para ese tengo otro cuadernito que convertí en listín alfabético, para poder apuntar, de un lado, las palabras que iba aprendiendo, o sea todas; y de otro una gramática megarresumida. No he vuelto a mirarlo). Tengo otro pequeñito, del Tiger, con forma de cassette, titulado (el cuaderno y el cassette, según reza su pegatina) Love Songs. Me lo regaló Lorena el 1 de diciembre y todavía no tiene escrita más que una dedicatoria sobre la canción más bonita del mundo (que incorpora estrofas cada día, porque en diciembre sólo tenía 9).

Tengo más... el lunes me dieron uno de una consultora, con un boli. El de llevar encima. Me viene acompañando los últimos días para registrar mis pequeñas ideas (a falta de smartphone no está mal). Estoy decidido a dedicar más tiempo a pensar y a crear, y como el libro de Steve Jobs (que me flipa más por lo que cuenta que por la persona en sí, pero me flipa no obstante) es poco transportable, he tenido que relegarlo a mis visitas al WC (así voy, a un ritmo vertiginoso de 160 páginas en mes y medio, ¡bastante es si tenemos en cuenta la dedicación diaria!). Así que, retomando, el metro, el tren y el bus vuelven a convertirse en los espacios creativos que dieron vida a canciones como En Tiempo Real.

Y no sé por qué hablo tanto de cuadernos, porque de lo que quiero hablar es de una chequera. La de la portada de cartulina verde y las hojas de cartulina rojas. Javi se va a dar un concierto afónico en una boda con Faux Filet (pobres novios...) y Lorena le confecciona una chequera estupenda que me regaló en nuestro también estupendo viaje a Huesca del que hablaré, ¡lo prometo, lo prometo!. Mejor que los Family Check esos que al final no vale para nada porque nunca se planifica una visita al Burger King; más valiosa que una chequera de 20 Ticket Restaurant. Ponles tú el importe, yo creo que no los he visto de más de 9€ al día, así que, ¿180€? Bah. Minucias... Mi chequera verde con hojas rojas vale mucho más que eso. Se cuenta su valor en años, en eternidades y, mucho más valioso que eso, en Momentos que nunca llegan.

Y sí, recordadme de qué tengo que escribir los siguientes días (un blog es un bloc, al fin y al cabo):

- de David Bowie
- del viaje a Huesca
- del libro de Steve Jobs
- de mis últimas fotos
- de la felicidad, incluso cuando parece difícil de encontrar, ¡siempre está ahí!

Bueno, todo queda ya un poco apuntado. La verdad es que no me faltan cosas de qué hablar, y ni por estas me sobra tiempo para hacerlo. Algo falla... pero a eso también le vamos a poner solución, y se me ocurren muchas.

2 comentarios:

Emilitros dijo...

Un cuaderno de bitácora?

Se leerán las aventuras vitales que no paran de ocurrir... y muy agradable cuando se comparten en vivo!

Javi dijo...

El de bitácora es este... el propio blog :-)

Lo que no tengo ahora es tiempo... esto fluctúa como la bolsa. Ojo, que tampoco me supone un problema no tener tiempo si es por buenas causas.