martes, 19 de junio de 2012

Recordando Huesca

Ayer y hoy están siendo días de presión psicológica muy intensa en el curro. Muchos proyectos, algunos se van de madre, situaciones que caen un poco fuera de control.

Esta mañana pensaba en este ratito del mediodía (parece mentira, porque de esos 75 minutos me quedan 15 y sólo he empleado 5 o 10 para comer, lo cual me deja más de 50 en el debe) y en que una de las cosas que quería contar era nuestro viaje a Huesca, pero ¿cómo hacerlo sin las fotos a mano?

Tengo una memoria y una atención que definitivamente tengo que trabajar. Y como en un sistema de compresión con pérdidas, de primeras apenas sé decir que nuestro viaje a Huesca del puente de mayo fue de los mejores, más bonitos y más agradables. Luego puedo caer en detalles y recordar que pasamos por Zaragoza, el hotel de Huesca, la tienda más antigua de España y de varios países de Europa, sitios y calles de Huesca, el lugar donde picamos algo y nos tomamos una copa. Luego pienso en la llegada al segundo hotel, esa buhardillita tan cuca en Jaca. Tan bien de precio fuera de temporada... Y pienso en el centro de interpretación que vimos por la tarde, en cómo rápido nos hicimos con el control del pueblo, o como dice Lorena, "le tomamos el pulso a la ciudad".

Celebrabamos nuestro aniversario con las mejores galas que podíamos llevar en las maletas. Llevábamos nuestros regalos que, para la ocasión, tenían que ser razonablemente transportables también. Fuimos a cenar al sitio que más nos cuadró (que luego no resultó ser el más indicado, pero así son las decisiones de corazón), y luego tomamos copas en un garito de rock.

Subimos a Francia, vimos bonitos pueblos, la estación de Canfranc, Biescas... subimos una montaña por un caminito, durmimos la siesta en el coche... si me lío, al final recuerdo cosas. No muchas, no todas. Por la tarde nos dedicamos al crapulismo y creo que no dejamos bar interesante por visitar.

Y ahora caigo, el último día recuperamos una visita pendiente del primer día, porque el mal tiempo hizo que nos planteásemos abortar misión y el viaje empezó un poco pasado por agua, pero fue precioso.

No recuerdo nombres. Me salen Mallos y Riglos, del primer día, pero ¿y el monasterio? ¿o qué era aquello? Así funciono, recogiendo impresiones e ilusiones, pero no demasiados datos. Pero eso te lo digo echando un ojo a Google Maps y aquí no ha pasado nada. O le pregunto a Lorena. No sé. Fue mágico verlo con buen tiempo, fueron mágicos el café y los gusanitos, los bocatas, las tapas. Fueron mágicos los precios populares, las comidas sin glúten, y hasta los atracones de gominolas.

Me alegro de haber caído en ello esta mañana y haber empezado con ese recorrido mental por el viaje. Me alegro de poder recrearlo ahora en la cabeza. Me alegra que ese viaje haya sido el más bonito hasta la fecha y que haya coincidido con el aniversario, y me alegra que esta mañana hablasemos en el desayuno sobre tiempos fáciles y tiempos difíciles. Los últimos meses lo han sido. Pero quizá también son los más bonitos. Cuando las cosas se ponen duras, o falla la salud, los ánimos, el trabajo... ahí nos tenemos el uno al otro, incluso si parece que los dos estamos cayendo, nos cogemos de la mano y salimos adelante. Y eso es una prueba de fuego de la leche.


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