La primera semana ha pasado muy rápido. Shock inicial. Papeleo. Cajas. Viajes al "bluespace" de mis padres. Canapé y cama, sofá, muebles vintage. Mañana nos dan las llaves.
Recuerdos vienen y van. Ya vienen menos que el domingo pasado. Pero de alguna manera es dejar algo a lo que yo puse nombre. Recuerdo el final de 2005, el principio de 2006. La fiesta de cumple de ese año, cómo ha ido cambiando la casa. Sus diferentes rincones. Dejo la casa justo ocho años después de entrar en ella. La primera noche que pasé allí... fue la del 5 de julio de 2005. Ese día emitían en la TV el "Live 8", como un Live Aid, 20 años después. Conciertazos! Lo recuerdo todo muy bien.
Y los mejores recuerdos y sensaciones son los de las horas centrales del día, en primavera. Días soleados como el de ayer o el sábado, en los que cantan los pájaros, brilla el sol y las plantas parecen estar más sanas.
Les deseo a Renaud e Isabel muchos momentos como esos. Un poquito de calor en verano, pero rápido se apaña con un poquito de aire acondicionado. Y un poquito de fresqute en la habitación azul en invierno.
En primavera compré en esta casa, en primavera es bonita. Recuerdo fregar los cacharros con la ventana de la cocina abierta. Todos esos cacharros que me traje de casa de mis abuelos. Recuerdo escribir mi proyecto de fin de carrera sentado en la cama, con una balda por mesa. Recuerdo ir a hacer la compra y llenar los armarios de patatas y refrescos, para que viniesen mis amigos, ser el primer lugar de reunión para cualquier cuestión entre amigos, donde acabar las fiestas. Recuerdo las primeras navidades allí. No las del primer año, pero algunas de las primeras... las del segundo más bien. Los muebles que había. Los muebles que fueron cambiando. Fui soltero en esa casa. Antes era niño, o chico, o universitario, pero en Ferrocarril Hills fui soltero. Luego no, luego, sí, luego no, luego sí, luego no, luego casado, durante mes y medio aproximadamente.
Recuerdo ensayos caseros, tardes de composición, cenitas, películas, sofá, siesta, noches de plancha. Recuerdo que Ferrocarril Hills fue un término acuñado entorno a mis historias acerca de la propia casa, que al final eran mucho más exitosas que mis disertaciones musicales.
Me queda la satisfacción de haber montado una casa que ha gustado a todo el que la ha pisado, no sin ayudas e inspiraciones.
Al final, me encuentro deseándole a los nuevos habitantes lo mismo que me desearon a mí, y resumiendo la historia también de forma muy parecida.
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