lunes, 8 de agosto de 2011

Un nuevo juguete

...cuando no lo esperaba, el jueves por la mañana hice un cambio en mi ruta habitual para ir a la oficina y pasé por delante del Cash Converters. En el escaparate, entre un par de guitarras, había un sitar. Y costaba 250€. Lo estuve pensando, lo valoré un poco a lo largo de la mañana (joer, casi se me olvida en un momento dado!) y finalmente decidí comprarlo. Con independencia de tocarlo, también es un elemento decorativo estupendo.

250€ es buen precio para el estado que parecía tener (y que he comprobado que es razonablemente bueno), yo creo que por menos de 500€ es difícil encontrar uno, y por más dinero se encuentran a menudo. Por 250€, con estuche y todo, es básicamente uno de los instrumentos más baratos que tengo, y viéndolo, sólo por el trabajo de artesanía que supone, por su valor estético y porque, coño, ¡suena! lo vale de sobra. Sólo lo siento por quien lo haya vendido, porque dudo que le hayan dado más de 100€ por ello.

Es curioso, porque, aunque seguro que hay matices, comparas tu sitar con el de Anoushka Shankar y no ves grandes diferencias: Cada detalle que busques está ahí. Los ornamentos, la forma de fijar los trastes al mástil, la forma y el relieve de la madera. No he visto una sola versión simplificada de sitar (salvo la famosa guitarra sitar marca Coral). Todas las cejuelas tienen su curiosa forma, todos los mástiles vienen rebajados por el centro, etc. No parece haber, a priori, una versión del instrumento que sea menos artesanal que otra.

Le faltaban un par de cuerdas, pero tenía un juego incluído. Bien. Me puse a ello, busqué la afinación y fui afinando las cuerdas e investigando cómo se llamaban o numeraban las que faltaban. ¡Creo que lo hice bien! Fue una primera toma de contacto muy interesante. Como ocurre con el ukelele, se trata de un instrumento con una mecánica un poco tosca. Las clavijas (que parecen tiradores de mueble de estilo castellano) ajustan de aquella manera y parte de la precisión que puedas conseguir al afinar, se pierde al intentar ajustar la clavija a la pala, sin embargo, descubrí con ello (o recordé) la utilidad de unas pequeñas piezas que se incluyen en la zona de la pala y / o en la del puente. Se trata de lo que llaman las "tuning beads", con forma de huevo o de cisne, permiten dar sintonía fina a la afinación imprecisa de las clavijas. Digo que lo recuerdo porque ya hace algunos años toqué un sitar y supe eso, incluso utilicé una púa (mizrab, se le llama en el caso del sitar, un plectro de lo más específico), y sé que toqué alguna de las canciones que conocía de los Beatles.

Al afinarlo (es que eso no lo hice la vez anterior!), caí en que la afinación viene a ser la misma de Kashmir (sólo que con un F#, donde en Kashmir sería A), que te sale un acorde en cuanto conviertes ese F# en un G#. Todo lo relativo a trastes es similar a la guitarra, lo que más cambia es la ejecución de la mano derecha. La izquierda es una cuestión de velocidad y sensibilidad, de hacer bendings expresivos llevando la cuerda a lo largo del traste, y básicamente, entre el índice y el anular se hace el trabajo. Para la mano derecha, necesito hacerme con un mizrab y ver bien cómo debo pulsar las cuerdas. Si tocas con las yemas de los dedos, al cabo de una hora tienes ampollas, así que a ver si me hago con el mizrab.

Hubo una experiencia muy curiosa e interesante entorno a ese primer día de aprendizaje. Fue como ocurrió en su día con la guitarra, a lo largo de los primeros meses, y como ocurrió en su día con la mandolina, en aquella semana de vacaciones de Navidad. Cambia la tecnología, pero no el método. Hace 17 años o así empecé con la guitarra eléctrica y tenía VHSs de Jimi Hendrix y vídeos grabados de la tele, y así, me ponía delante de ellos e intentaba buscar los acordes que hacían, o intentar hacer los solos usando las mismas cuerdas y trastes. Así me pasaba horas, viendo a Jimi Hendrix improvisar a lo largo de Machine Gun, e intentando repetir sus guiños.

Con la mandolina, hice lo propio poniendo un DVD de Rory Gallagher y aprendiéndome cosas como Going To My Hometown, a base de entender lo que hacía, de aprovechar los primerlos planos, aunque tengo que decir que nunca dediqué demasiado tiempo a tocarla de esa manera, sino más bien (y tampoco demasiado) a convertir acordes de guitarra en acordes de mandolina. Suena trabajoso, pero no lo es tanto.

Con el sitar, una vez lo puse en la afinación de Ravi Shankar, vi algunos vídeos, tanto de Ravi, como de su hija Anoushka, y aunque no le dediqué mucho tiempo (apenas unos minutillos), al poco tiempo me dí cuenta de que estaba repitiendo la práctica de otras ocasiones, solo que ahora con un nuevo instrumento y utilizando Youtube para acceder a los vídeos. Youtube no es nada nuevo, pero sí es una buena herramienta cuando se adentra uno en un terreno desconocido. En otros tiempos me hubiera puesto el concierto de Bangla Desh de George Harrison, con su actuación de 17 minutos, Bangla Dhun.

Seguí leyendo un poco sobre sitar el fin de semana y espero hacerme esta semana con el mizrab y empezar a ver algún vídeo más "educativo".

Muchas veces he pensado respecto a mi tendencia a acumular instrumentos. Si hacemos memoria tengo:

1. Una guitarra española destrozada
2. Una guitarra imitación Strato prestada a mi hermano (hecha una penita también)
3. Una guitarra acústica Epiphone prestada a mi hermano (muy viejita ya)
4. La famosa Les Paul verde
5. La Danelectro con purpurina
6. La SG súper tuneada
7. Mi Fender Telecaster
8. La acústica Alhambra (que necesita un poco de ajuste y una electrificación que le haga justicia)
9. Mi mandolina Epiphone
10. El bajo Cort
11. La Danelectro de 12 cuerdas
12. La guitarra "5"
13. Un ukelele
14. El sitar

Ninguna de ellas me convierte en mejor músico. Podría sobrevivir con la Alhambra y una eléctrica (la verde o la "5", las demás no me aportan tantísimo, aunque cada una tiene su razón de ser, su encanto, su momento y su historia), el bajo, la mandolina, el ukelele o el sitar están ahí para darle un poco de colorido a la paleta musical, y para que me entretenga o me complique un poco la existencia, pero nada más que eso.

Restemos los instrumentos exóticos (tres) y las tres guitarras que han sido jubiladas por mal estado. Nos quedarían un bajo, una guitarra eléctrica de doce cuerdas, una acústica buena y, nada menos que cinco guitarras eléctricas operativas. Sé que son muchas, para lo que toco o para mi nivel tocando. Lo dicho, la verde o la "5", con sus combinaciones en materia de electrónica podrían suplir a las otras perfectamente. Si una de esas dos tuviese un trémolo, no necesitaría la SG, igual que basta combinar pastillas para que Lucy o "5" suenen a Telecaster.

Pero bueno, volviendo a mi reflexión (que también le debe mucho a un reportaje sobre música y arte que me pasó Lorena el jueves por la noche del Metropolitan de Nueva York), tampoco tengo mayores pretensiones con las guitarras o los otros instrumentos. Si tengo posibilidad de sacarlos en concierto y hacer algo bueno con ellos, lo haré. Me encantó ponerle mandolina a Buhonero con Mr. Zinc o a Sway con Faux Filet, me encantó estrenar la de 12 cuerdas con Braguetazo Express tocando I Call Your Name, pero nunca lo haría como despliegue de medios, para decir "eh, mira que exótico soy y qué músico del mundo, que tengo un sitar". No me convertiría en el Brian Jones de un grupo sólo por ser diferente o por pretender (que dudo que lo consiguiera) ser más. La música, a mi modo de ver, cuando la ejecutas, tiene un componente muy importante de estar metido en el género, de tocar lo que sabes y lo que sientes. Me siento como pez en el agua tocando la guitarra a mi estilo. Sin alardes, porque no sé hacerlos. Siendo no muy técnico e intentando ser expresivo y tocar cosas que pueda sentir más que pensar. No puedo hacer eso con un instrumento que apenas domino. No me sentiría cómodo tocando la mandolina de Losing My Religion, pero sí me siento cómodo cuando se trata de un arreglo tipo country. Menos aprenderse melodías a piñón y más sentir las que ya tienes bien grabadas y puedes tararear mentalmente antes de ejecutarlas. Pensar en modo mandolina, pensar en modo sitar, imaginar la melodía que me gustaría oír y ejecutarla: "aquí quiero un bending, y ahora, ¿subo o bajo?", "aquí hago un poco de slide... y meto tres notas rápidas", "dejo una nota suelta y... ¡La refuerzo con un acorde!". Ver sobre la marcha qué te pide la canción, qué ritmos, qué acentos y qué ejecución.

El sitar y la música india, además, vienen envueltas por un aura un poco mística y espiritual. Tiene un efecto ambiental que forma parte de la experiencia de tocar. Tocar un instrumento así no es muy diferente a encender un incienso en el sentido en el que se crea una cierta atmósfera. Ravi Shankar ha sido el principal embajador de la música hindú en el mundo. En plenos 60 estaba en los festivales junto a lo más fumao de la escena. En Monterrey tenías a los Who y a Hendrix compitiendo por ser los más cafres y destructivos, y a Ravi Shankar abriendo a una generación la música de la India. En el concierto de Bangla Desh (Madison Square Garden, NY, 1971), pasados ya en buena medida el hippismo, el flower-power, el verano del amor, el ácido, Woodstock y Vietnam, el discurso de Ravi Shankar a la hora de abrir el concierto fue en esta línea, diciendo al público cosas del tipo "Más adelante vais a ver a vuestras estrellas de rock favoritas (refiriéndose a George Harrison, Eric Clapton, Ringo Starr, Billy Preston, Leon Russell, Bob Dylan, Badfinger), pero esta primera parte va a ser un poco diferente, esto es más espiritual, se impone un poco de calma y de relajación, de estar en silencio, y escuchar y sentir". Treinta años después, homenajeando a George Harrison, la idea fue básicamente la misma.

Dicho esto: a ver si este verano voy sacando ratitos para tocar el sitar en casa, para aprender un poco al respecto, etc. Pero no espero ni aspiro a convertirme en nada que no sea ya, ni a revolucionar la jam session de Cedillo con nuevos sonidos que no lo son tanto. Nah, eso no va conmigo.

12 comentarios:

Fernando García Redondo dijo...

Pues ya sabes! en Cedillo para la chispa te aprendes la intro!

Felicidades por el nuevo instrumento, y a darle duro!

Javi dijo...

Naaaah! no me has entendido (bueno, que no me quieres entender...)
Le daré, le daré!

Lorena dijo...

Artista!!!!!!

Javi dijo...

Aduladora!!! (y muy guapa, por cierto...)
Mil besos!!!

Gerar dijo...

Bonita tu reflexión, Javi. Todo un tratado de cómo enfocar una afición.

Muy bonito tu sitar, por cierto.

Pasadlo bien!

rerinduc!

szociofoto dijo...

Mooola el bicho...
y esa colección merece una habitación, seguro.
Si las guitarras se parecen a las cámaras cada una tendrá su momento.

Lo del efecto ambiental mola aunque he visto a poca gente hacerlo. Aunque creo que no es de tu devoción, hay un concierto de Tool donde Maynard se marca su buen minuto pidiendo a la gente que se busque un espacio para estar relajados y a gusto, que cierren los ojos, etc, etc...

http://www.youtube.com/watch?v=EgDwkSlCwHw

Es divertido como en cualquier caso siempre se recurre a cierto toque oriental. Supongo que será el imaginario colectivo.

Javi dijo...

Los dos tenéis mucho peso en mi reflexión y mi forma de enfocarlo:

Gerar: Con gente como tú, que le saca todo el partido a una Squier que data de los tiempos en los que eras un imberbe, lo mínimo es quitarse el sombrero y reconocer que el equipo, realmente, es secundario...

Hristo: Suponía que de alguna manera, lo que digo tiene algún paralelismo con cosas que tú escribes sobre el balance entre equipo y técnica ;-)

No tengo una habitación como para dedicarle a mis instrumentos, pero sí los tengo colgados por las paredes y esparcidos por mi local de ensayo.

Fernando García Redondo dijo...

No digo canciones ni escalas raras ni nada, sólo la intro :P

Javi dijo...

Y dale... Ya te lo enseñaré un día, que pesa y ocupa mucho como para llevarlo a Cedillo!

the very Mery dijo...

Uauuuuuuuuu, acabo de ver esto... ¡¡Qué bonito!! (ya sabes, a mí estas cosas me entran primero por los ojos...). Enhorabuena por la adquisición, es una preciosidad y un nuevo mundo musical que explorar!! Y encima leo más arriba que se avecina una nueva inauguración de las Colinas... Qué mejor ocasión para que me muestres en persona lo que aquí cuentas! Muchas ganas de verlo, de verte, de ver a Ferrocarril Hills. Besos!!

Emilitros dijo...

Menudo cacharro más interesante! seguro que se le pueden sacar sonidos que despierten nuevas atmósferas y posibilidades... será muy agradecido el verlo en acción!

Javi dijo...

Contad con ello, y con un WC remozado ;-)